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Un solitario para dos

Por qué me gusta tanto que los hombres se masturben frente a mí

Me encanta mirar a un hombre a los ojos cuando tiene esa mirada única, sensual y libidinosa. Probablemente le gustaría meterme la polla en la boca o que salte sobre él para cabalgarlo con fuerza. Pero (por ahora) sólo quiero una cosa: ¡mirar cómo él se lo hace en solitario!

Por Paragraphenreiterin

Masturbación y aprendizaje

Hacerse una paja. Masturbación. Onanismo… Son términos que describen a una persona cuando se da placer a si misma. Pero, la masturbación es mucho más que un simple y rápido acto en solitario.

No hay escenario sexual más didáctico que ver las preferencias de tu pareja cuando se masturba. Especialmente al principio de la relación, me encanta ver cómo un hombre se toca para averiguar qué es lo que más le excita, lo que más le pone cachondo. Me encanta susurrarle al oído una fantasía que me gustaría realizar con él para que sepa lo que me gusta y sentir después como se preocupa por mis preferencias sexuales.

¿Se masturba de forma rápida, lenta, suave o cañera? ¿Agarra su polla con toda la mano, la menea hacia adelante y hacia atrás o juega principalmente con su glande hinchado? ¿Se toca los testículos? ¿Se acaricia los pezones? ¿Se estimula los esfínteres del ano? ¿Se toca otras partes de su cuerpo? Observo todo esto con fascinación, porque nada me excita más que sentir el morbo de mi pareja. Todo esto me da pistas para después excitarle y satisfacerle con mis manos y mi lengua.

La masturbación satisface mi voyerismo

Incluso si nos conocemos desde hace tiempo, puedo decir que no me canso nunca porque su masturbación satisface mi lado voyerista. Me encantan las pollas y la polla de mi pareja en particular. Al principio puedo verlo relajado y emocionado sin yo estar en acción. Mi mirada alterna constantemente entre su polla y su cara y no sé lo que me pone más cachonda: su polla dura o la expresión de su cara.

Un solitario para dos
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Observo con emoción cómo su polla se hace cada vez más dura, cómo su respiración se acelera, cómo gime, cómo su miembro empieza a tener contracciones. Me estimula ver cómo se deja llevar cada vez más por su excitación. Su clímax es también mi clímax. Le miro a la cara como si estuviera hechizada. No es necesario verle correrse en este instante, pero su expresión facial durante su orgasmo es un momento muy morboso e íntimo para mí.

Miro mi móvil con tal fascinación como si lo estuviera viendo en directo.

Tan cerca a pesar de la distancia

Aunque estemos a cientos o incluso miles de kilómetros de distancia, disfruto mucho cuando se masturba para mí. Por ejemplo, cuando está en desplazamiento me encanta enviarle un mensaje de voz un poco guarro, una foto explícita o incluso un vídeo antes de que acuda a una reunión importante. Este es el poder que tengo sobre él y su polla.

No tengo ninguna duda de que su polla se pondrá dura. Además, sabe que quiero ver el resultado y me devuelve un video de él masturbándose, tal vez en los lavabos de la oficina. Me mojo incluso antes de que acabe la descarga del vídeo. La idea de que él esté pensando en mí mientras lo hace, me excita mucho. Miro mi móvil como si lo estuviera viendo en directo. Estoy esperando con ansia el momento del video donde se ve su corrida. Me siento tan cerca de él a pesar de la distancia.

También, me encanta volver a ver este video más tarde mientras me masturbo y así se cierra el círculo: él se masturba para mí y yo me masturbo para él.

3, 2, 1... a por los orgasmos

"¡Quién se correrá primero!” En realidad, no me gusta la competitividad en el sexo. Para mí un orgasmo no es necesariamente sinónimo de buen sexo. Pero cuando se trata de masturbación, me gusta mucho el pequeño juego de quién llega primero al orgasmo.

Nos acostamos en la cama uno frente al otro. Se apoya en la cabecera de la cama y yo me tumbo frente a él. Una mirada profunda como señal de partida. Le doy una pequeña ventaja y al principio sólo satisfago mi lado voyerista. Él es mi porno en directo. Agarra su pene y su mano empieza a moverse de arriba y abajo, primero lentamente, luego cada vez más rápido. Me cuenta lo que está imaginando en ese momento. Su gemido se hace siempre más fuerte.

Esta cercanía entre nosotros a pesar de que no nos toquemos, es casi insoportable.

Pero no puedo demorarme más y tengo que empezar yo también el juego si quiero alcanzarlo. Me humedezco siempre más viendo su actuación. Así que me toco con los dedos para repartir bien mi humedad y empiezo a masajearme el clítoris. A partir de ahora sólo nos miramos a los ojos. Sus gemidos se hacen más intensos que los míos. Esta cercanía entre nosotros, a pesar de que no nos toquemos, es casi insoportable. Me acaricio más rápidamente, dejo que dos de mis dedos entren dentro de mí y siento que no tardaré mucho en correrme.

Nuestras miradas siguen cruzándose y, finalmente, me corro frente a él. Me ha dejado llegar primero para que pueda disfrutar de su final. Lo veo muy excitado y se sacude su polla con más fuerza. Me acerco y me inclino sobre él para ponerle mi mano sobre la suya y así ayudarle en su final. Así que el supuesto sexo en solitario se convierte rápidamente en una experiencia morbosa para dos.

 

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