gif
©

Mouth Fucking

A pedir de boca: por qué me gusta follar por la boca

Mouth fucking consiste en participar de forma activa en una mamada. Follar a la otra persona por la boca. Es un supuesto juego de poder que, no obstante, solo funciona de forma consensuada. Aun así, en el mundo vainilla, puede parecer demasiado brutal y violento. Una exploración personal del «follar por la boca».

Por Alex Todorov

Mouth fucking es cruzar una frontera

Tiene ante sí a una mujer fascinante y mucho más joven que él que está esperando a que le abra las piernas. ¿Y qué hace David Kepesh, el protagonista del libro de Philip Roth?

Le puse un par de almohadas bajo la cabeza, le apoyé así la cabeza, colocada en ángulo contra la cabecera de la cama, y con mis rodillas a uno y otro lado de su cuerpo y el culo centrado sobre ella, me incliné hacia su cara y rítmicamente, sin interrupción, la follé por la boca.
– Philip Roth, El animal moribundo –

Según Kepesh, el narrador en primera persona, su aventura con Consuelo no empieza hasta que traspasa esta frontera. ¿Por qué razón la folla por la boca? Para calentarle la cabeza, literalmente. Para retarla. Para observar cómo reacciona a esta afrenta de su pene. Sobre todo: para liberar su encuentro de la pasión obediente y de la voluntad incondicional de complacer.

Y, desde la perspectiva de Roth, tal vez también para follar literalmente por la boca a toda la superestructura académico-intelectual, a la miserable cerebrización, en el mundo físico.

Cuando leí por primera vez este pasaje hace años, me impactó. Y me excitó. Para mí, desvinculó esta práctica del contexto del porno, en el que siempre me había repugnado. Este pasaje despertó mi deseo por el mouth fucking. Y vaya si he aprendido a amarlo.

Mouth fucking es observación

En mi caso, se desarrolla de esta forma: muevo lateralmente los brazos de la mujer, tumbada ante mí sobre su espalda, hasta que se aproximen a su cabeza, apoyada sobre una almohada; me arrodillo sobre sus antebrazos, me inclino sobre ella y presiono hacia abajo mi pene erecto para que el ángulo sea el correcto. Después empiezo a mover poco a poco mi pelvis. Yo decido. Yo controlo.

Lo que ella ve: mi pelvis, mi barriga, mi pecho; más arriba, mi mirada. Esta última es lo más importante para mí en este juego.

Puedo contar con solo un dedo de una mano las veces que he alcanzado el orgasmo gracias a la boca de una mujer. Durante el mouth fucking (y también durante las mamadas), correrme no es lo principal. Lo principal es mirar, observar cómo meto a mi ritmo el pene en la boca de una mujer; cómo la utilizo.

Mouth Fucking – Miembros de JOYclub en acción

Mouth fucking es consenso

Al contrario que el David Kepesh de Roth, nunca he empezado a follarle la boca a mi pareja sin tantear en nuestros encuentros sexuales previos si esta práctica está incluida en el paquete. No obstante, de vez en cuando me siento como Kepesh en el momento descrito en el libro.

Los ojos abiertos, la presión contraria de los brazos, el asombro, la cara de «¿joder, en serio?». Este shock que, en el caso ideal (literario) alimenta la excitación y, en el peor de los casos, me puede costar una denuncia o mi pene. De nuevo, como recordatorio: las prácticas sexuales sin consentimiento son comúnmente conocidas como «violación», incluso en un contexto sexual claro.

Cuando me retiré, Consuelo no solo parecía horrorizada, sino también enfurecida.
– Philip Roth, El animal moribundo –

No necesito el momento de Kepesh en estado puro; me gusta cuando (o porque) a mi compañera le gusta. Sin consenso no es divertido. Lo que hago es puro consenso: el supuesto paseo por la cuerda floja solo tiene lugar en mi cabeza. Me imagino un escenario prohibido, pero en cuanto percibo resistencia, estoy fuera, tanto de la boca como del escenario. Esto, por una parte.

Por otra parte, anunciar cada acción durante el sexo acaba con la excitación. Desafiar a la otra persona es parte de la magia: para ver cómo reacciona, para saber cómo me enfrento yo mismo a una nueva situación, para tantear los límites y empujarlos con confianza los dos juntos.

Mouth fucking es confianza y, también, un gesto machista

Otro escenario que me excita: la mujer con la que estoy empieza a hablar y yo la interrumpo. Para ello, le introduzco mi pene en la boca, niego brevemente con la cabeza y coloco a la mujer en la posición descrita anteriormente.
El mensaje que envío sutilmente de esta forma: hablemos más tarde. Ahora tengo tantas ganas de follar que no puedo concentrarme en una conversación. ¿Por qué puedo hacer esto? Porque sé que esta acción se encuentra dentro de los límites que hemos establecido juntos para nuestra relación.

Mouth fucking. ¿Un desagradable gesto de poder machista? Sí. Y también por ello tan excitante. Para los amigos del BDSM, mis pensamientos sobre los límites consensuados son como nadar en seco. El BDSM es un mundo desconocido para mí. Soy un blandengue que nunca ha estado en una situación en la que una palabra de seguridad hubiese sido deseable. Las sensaciones más duras: apretar un poco la garganta, agarrar, abofetear, tirar del pelo y, si una mujer fascinante está tumbada ante mí, no abrirle las piernas, sino mover lateralmente sus brazos hacia arriba

No había comentado cómo Consuelo reacciona finalmente al ataque de Kepesh:

Dentelleó. De improviso. Cruelmente. A mí. No lo fingía. Era instintivo.
– Philip Roth, El animal moribundo –

 

¿Ya conoces JOYclub?

¡Ingresa en nuestra exclusiva comunidad y disfruta de tu deseo!

En JOYclub te espera una gran comunidad que te ayudarán con consejos fascinantes que cambiarán completamente tu vida sexual. NO importa si eres hombre, mujer, trans, soltero o pareja - ¡vive tus fantasías con JOYclub! ¡Te estamos esperando!


Entra gratuitamente en JOYclub