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Masculinidades y no monogamias

La importancia de pensar sobre la masculinidad en relaciones no monógamas

En los años que llevo en relaciones no monógamas he aprendido, a base de lágrimas y ansiedad, unas importantes lecciones. Entre otras cosas, he aprendido que la masculinidad es un factor importante que juega un papel clave en muchas de las formas que nos relacionamos y que, si no somos conscientes de eso, tendremos un invitado no deseado en nuestros vínculos jugando en nuestra contra.

Por Lionel S. Delgado

PhD Student.
Departamento de Sociología.
Universidad de Barcelona.

¿Qué tienen que ver la orientación relacional con el género?

Masculinidades y no monogamias
 

Cuando transitamos relaciones no convencionales (en mi caso he pasado por relaciones abiertas, poliamor no jerárquico, relaciones jerárquicas o intentos de Anarquía Relacional) multiplicamos factores que ponen en riesgo nuestra situación relacional o emocional. En ese sentido, entender los lastres y ponerlos sobre la mesa no nos hará evitar conflictos, pero sí que nos permitirá ser más conscientes de los vínculos y sus cuidados.

 
 
 
 

Tradicionalmente, la masculinidad nos ha hecho desconectar de los sentimientos. El nuestro es un mundo de las razones, el mundo emocional y de los cuidados es femenino, por lo que no hemos tenido necesidad de desarrollar herramientas en ese sentido

Lecciones de masculinidad y no monogamias

Una de las primeras cosas que aprendí fue que debía darle importancia a mi forma de entenderme emocionalmente.

Uno de los lastres más importantes que tenemos los hombres es habernos desconectado de las emociones por una educación masculina. No siempre es ocultarlas o no saberlas comunicar. Tradicionalmente, la masculinidad nos ha hecho desconectar de los sentimientos. El nuestro es un mundo de las razones, el mundo emocional y de los cuidados es femenino, por lo que no hemos tenido necesidad de desarrollar herramientas en ese sentido (sobre todo si siempre hemos tenido mujeres a nuestro alrededor que nos cuidaron). Muchas veces es no saber qué sentimos, no saberlas identificar o no conectar con ellas.

El papel de los celos en la masculinidad

La desconexión con nuestras emociones puede hacer que terminemos sucumbiendo a emociones que provienen de ese baúl que son los celos (un conjunto muy amplio de roces emocionales que pueden venir por miedo al abandono, o al reemplazo, o a que las cosas cambien, o a no ser suficientes, o a tener carencias de cuidados, etc.). Si no sabemos identificar bien qué emociones estamos pasando y qué necesitamos, la cosa tiene funesto pronóstico.


En más de una ocasión, ante el dolor y el miedo, he actuado de manera defensiva, señalando y echando mierda a la otra persona. ‘Haz hecho esto’, no me cuidas’, ‘si hubieses dicho’…

Otra de las cosas importantísimas que he aprendido tiene que ver con la anterior. En más de una ocasión, ante el dolor y el miedo, he actuado de manera defensiva, señalando y echando mierda a la otra persona. “Haz hecho esto”, “no me cuidas”, “si hubieses dicho” … Eso, o cosas mucho peores…

Cuando hice el clic (gracias también al apoyo y trabajo de mujeres geniales a mi alrededor y a un activismo feminista que ha puesto estas cosas sobre la mesa), pude entender que durante mucho tiempo estaba haciendo responsables al resto de mi vida emocional. Frente a inseguridades, miedos o ansiedad, es más fácil intentar modificar los comportamientos de las demás en lugar de enfrentarnos a la emoción.

VIDEO BONUS SOBRE EL CONSENSO:

 


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Las dificultades de la responsabilidad afectiva

Responsabilidad afectiva significa aquí poder responder por lo que sentimos y hacemos. Hablar desde la vulnerabilidad para comunicar necesidades. Y no podemos hacernos responsables si no sabemos qué sentimos, o si lanzamos a las demás la culpa de ello.


Es un gran reto poder superar esta posición victimista y avanzar hacia una responsabilidad empática, donde podamos poner nuestras necesidades como un factor importante, pero sin convertirlo en un sol alrededor del cual tiene que girar todo lo demás.

Pero ¡cuidado! Incluso aquí hay riesgos. No es raro ver a gente que ha aprendido a identificar emociones, a comunicar necesidades y a mostrar vulnerabilidad con un foco egocéntrico, centrados en ellos mismos y esgrimiendo (sí, verbo bélico) esta vulnerabilidad como un arma. Entiendo que es fácil que, cuando aprendemos a identificar el malestar y el daño, nos centremos tanto en él que perdemos de vista el resto. Creo que es un gran reto poder superar esta posición victimista y avanzar hacia una responsabilidad empática, donde podamos poner nuestras necesidades como un factor importante, pero sin convertirlo en un sol alrededor del cual tiene que girar todo lo demás.

La persona que tenemos delante también tiene sus mierdas, y es guay poder escucharla, darle valor a su experiencia y encontrar términos medios.

Estas son algunas de las muchas lecciones que he podido aprender sobre masculinidades y no monogamias. Sinceramente, abrirme a las relaciones no convencionales supuso un antes y un después en muchas formas que tenía de pensarme y de entenderme.

Puedo considerar, así, que las no monogamias en su diversidad pueden suponer un importante factor de cambio en los procesos de aprendizajes de género. No en vano, autoras como Raewyn Connell hablan de que los sistemas de género descansan sobre cuatro pilares: las relaciones de poder, las relaciones laborales, las relaciones culturales y las relaciones de deseo y sexualidad.

Retos: no hay garantías 100 %

Sin embargo, creo que, si bien las no monogamias suponen una oportunidad de cambio para los hombres, no suponen una garantía. La doctora Elisabeth Sheff, experta en poliamor y una referente en temas de éticas y relaciones, habla de cómo existen importantes desplazamientos de las coordenadas de género en la experiencia no monógama: un cuestionamiento al sentido de propiedad de la pareja, la necesidad de reeducar la noción de reemplazo y la competición, la entrada al mundo emocional de hombres que tienen que trabajarse, el cuestionamiento de los celos o la posesividad como una “prueba de amor” o el replanteamiento del papel del sexo en nuestras vidas.


Yo he visto cambios en mi vida que no me esperaba: mejoras en la forma de comunicarme, identificar emociones, escuchar y poner los problemas del resto en el centro.

Pero como decía, que sea una oportunidad no significa que sea una garantía. Existen pesados lastres de nuestra educación masculina. Más concretamente, podemos hablar de tres aspectos distintos:

Tres lastres de la educación masculina:

  • A nivel social, la competición entre machos puede darse en términos muy complejos. Si bien se puede aprovechar la situación para repensar al otro (“metamor” es el término que usan en el mundo poli), no verlo como un enemigo sino como un amigo, reconfigurar la intimidad con otro hombre, etc. Si, por el contrario, sigue operando el miedo al abandono o reemplazo, es fácil que entremos a competir con otros hombres en la centralidad de nuestra posición (máxime en relaciones hetero). O incluso es fácil que, en situaciones de miedo e inseguridad, echemos manos de mecanismos jerárquicos que nos devuelvan el poder en la relación: exigencias, derecho a veto, etc.
  • A nivel emocional, como comentaba antes, podemos estar abusando de esta posición para victimizarnos, para sacar beneficios (manipular con nuestro malestar), para reestablecer relaciones de poder en la relación o para hacer que las demás se hagan cargo de nuestras emociones.
  • A nivel sexual, en el mundo de las no monogamias puede seguir operando una lógica de la hipersexualización masculina. La sexualidad ha sido históricamente una forma por la que los hombres nos validamos como tales: siendo exitosos sexualmente demostramos nuestra virilidad y, por ende, nuestro valor y estatus. Esto puede estar manteniéndose intacto en ciertos contextos no monógamos, donde la centralidad del sexo puede estar reproduciendo la lógica de que un hombre vale cuando folla. Si a esto se le suma que ahora no están los límites éticos de la monogamia, un hombre puede fácilmente verse sumido en dinámicas de consumo de cuerpos para validarse masculinamente.

Como vemos, las no monogamias pueden ser un importante factor de cambio. Lo son. Yo he visto cambios en mi vida que no me esperaba: mejoras en la forma de comunicarme, identificar emociones, escuchar y poner los problemas del resto en el centro. Las no monogamias han mejorado mi empatía o me han llevado a subvertir la distribución hegemónica de los tiempos, las energías y la importancia. Me ha permitido aprender a cuidar más y mejor a mi gente, a poder tener espacios importantes de introspección.

Sin embargo, he visto importantes lastres: he entrado en relaciones competitivas con otros hombres, he visto cómo era muy fácil disponer de más mujeres a mi alrededor en las cuales apoyarme y conseguir cuidados, o he visto cómo la presión por una sexualidad estimulante intervenía en mi forma de enfocar mis relaciones y mi posición como "hombre no monógamo".

Esto me llevó muchos y fuertes quebraderos de cabeza. Por eso, os invito a reflexionar sobre cómo en vuestra vida, la masculinidad interviene de una forma u otra. Sea en la manera en la que establecéis vínculos, la forma en la que cuidáis a las personas de vuestra vida o al interés que encontráis al tener este tipo de formatos. El género, en última instancia, es una mochila que todes cargamos y más nos vale hacer presente su carga, para poder empezar a trabajar sobre ella.


¿Cómo interviene la masculinidad en tu vida? ¿Crees que afecta a tu manera de experimentar tu sexualidad o tus relaciones afectivas? ¡Cuéntanosla en el foro!

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